Tener las generaciones mejores preparadas de la historia de España nos sirve para contar con una masa civil lo suficientemente crítica como para que la actual situación no solo indigne, sino que escueza. Para eso ha servido y para poco más. Nada para el prometedor desarrollo del I+D+i cuando el conocimiento español lo hemos estado pagando a 600 euros por beca y sin posibilidad de contrato; nada que haya evitado que los jóvenes emprendedores se tragaran sus pymes y sus proyectos punteros porque la facturación de las administraciones públicas estaba destinada por concurso a paisanos que crecían en las ramas genealógicas de consejeros y concejales; nada para internacionalizar servicios aprovechando que el becario era el único que sabía idiomas del departamento y de todo el organigrama directivo; nada para potenciar los usos de las nuevas tecnologías, aprovechando que el becario era el único entendido en redes de todo el departamento y de todo el organigrama directivo… Y estoy hablando desde la patronal. ¿Lo notan? “Pobriños”, que no estuvieron avispados para sacar provecho del potencial de las nuevas generaciones y ganar mucho dinero, cantidades ingentes de euros, beneficios, cotizaciones en bolsas… y así todos tan contentos. El trabajador en prácticas hubiera encontrado sentido a sus noches de vigilia ultimando la entrega del día siguiente a niveles senior, y se hubiera ahorrado frustraciones al comprobar que daba igual cómo lo hiciera, mientras lo hiciera. La calidad es un obstáculo en la estrategia empresarial del pelotazo. Los discípulos comenzaron a sentir vergüenza de sus tutores hasta convertirlos en el ejemplo de lo que no querían ser como profesionales. Primer síntoma de una estructura cangrenada.
Ahora hablo como currito. Como currito me siento responsable de haber contribuido a la consolidación del trabajo precario, de la gratuidad laboral – o la prostitución, en algunos casos – esperando que el “esfuerzo” tuviera una recompensa que llegó en forma de detrimento salarial, aumento de jornada o actitudes de “quita que no veo a los veinte que hay detrás”. Aclaro que en mi caso estoy hablando de un sector muy concreto, del periodismo. Esa descorazonadora vocación sobre la que, hoy mismo, CCOO valoraba que la situación en los medios es tan preocupante que no creen que esta reforma a priori venga a “empeorarla aún más”. Esperanzador.
Aquí quiero dar las gracias. El día que me llegaron ofertas a razón de 1,5 euros el artículo decidí emigrar. Un exilio al que aspiraba y que hubiera sido voluntario incluso con mejores condiciones laborales en España (mi destino ya estaba por aquí). Solo que mi ingenuo plan de destierro contaba con sustentar el viaje de salida en esos euros que me daría la vida laboral de mi país, cuando, en realidad, la ha retrasado dependiente de una cuenta bancaria que se hundió en 2008 con la crisis. Confieso que había cometido otra locura. Me dio por ser freelance. Una idea que me pareció posible porque tuve un golpe de suerte con clientes extranjeros, de esos que te agradecen la entrega de un trabajo, te ofrecen primas por desplazamiento y te incluyen como tarifa de un servicio y no de un voluntariado.
Ahora quiero dejar de agradecer. Porque un síntoma de este sistema capcioso en el que hemos ido perdiendo ventaja tiene una trampa antropológica. Somos de la generación de agradecer los regalos, nos gusten o no. Un trabajo es un regalo. Da las gracias. No te apures si es diametralmente opuesto a tu formación, que tanto dinero y esfuerzo te ha constado. Da las gracias. No preguntes por la nómina. Da las gracias. Ni por los horarios, ni honorarios, ni condiciones. Tú, da las gracias. Que no solo estamos hablando de las generaciones más formadas, y probablemente de las más predispuestas, sino, ante todo, de las más agradecidas. Hoy mismo me decía un colega del gremio, multicualificado y con trabajos premiados, que ha decidido reducir su CV. Experiencia: “Un año en el paro”. Otros Datos de Interés: “Gracias”. Es consciente de que los requisitos de su contratación pasan por las bonificaciones que la empresa reciba en la cuota de la Seguridad Social. Fuera premios, galardones y recorrido. Un año como desempleado es condición sine qua non de la firma del contrato. Aclaro, me parece un acierto priorizar por los desempleados de larga duración, pero no se me escapa que los motivos no provienen de una preocupación “humanitaria” – 600.000 familias no disponen de ingresos mínimos y la insuficiencia de recursos arrastra cada día a más persona hacia el umbral de la pobreza – ; proviene del interés, de nuevo, por seguir sacando tajada. Pues poco hemos aprendido. Tajada sí, pero sostenible para que todos estemos contentos, y eso pasa por valorar la mano de obra.
Francamente, no sé si la reforma laboral va a afectar más a una estructura que ya estaba herida de muerte. Su enfermedad tiene mucho que ver con la dignidad e, incluso, con la inteligencia. Tener las generaciones mejores preparadas de la historia de España nos sirve, al menos, para saber que ahora falta que se preparen ellos. Mientras…