El Cairo, 30 de noviembre de 2011: Ya no son dos, ni tres los jóvenes – muchos de ellos adolescentes – que solicitan identificación y registran bolsos y mochilas en los checkpoints que han organizado en cada uno de los accesos a Tahrir. A un lateral la entrada masculina para hombres, al otro, la entrada femenina para mujeres. Desde la noche del martes, durante la segunda jornada electoral, cuando decenas de alborotadores entraron con pistolas y piedras a la plaza y dejaron 108 heridos, 10 de ellos en estado grave, cada revolucionario se ha convertido en un policía porque no “van a permitir que roben la revolución”.
“Eran baltaguias”, asegura Moustafa Abdu, salafista confeso, que registra a cada una de las personas que entran desde la calle Talaat al Harb “Se les ve en la mirada, en la forma de hablar”. Pero los baltaguias no actúan porque son delincuentes, sino que son delincuentes cuando alguien les paga. Como ha hecho el Ministerio del Interior durante los más de 30 años de la era Mubarak para conseguir “favores” al servicio del régimen. El cabecilla de cada grupo de baltaguias tiene marcado su carné de identidad con una muesca en la esquina del documento para que puedan ser encontrados cuando se requieren sus “malas formas”. ¿Y quién está pagando ahora? “Aquellos que no quieren que triunfe la revolución”, y a juzgar por la ausencia de fuerzas de seguridad durante la noche de los incidentes del martes, los dedos de Tahrir apuntan a lo edificios oficiales que quedan junto a la plaza.
En el checkpoint de la entrada de Mereet Basha varios jóvenes expulsan a empujones a una mujer de negro, por el color de su vestido y de su cara tiznada; a escasos metros otros jóvenes increpan a un hombre que responde con una frase trabada. Apenas puede vocalizar pero mantiene su ademán chulesco. No hay tregua después de que en la noche del martes tuvieran que enfrentarse a decenas de agresores, “sin ningún agente de policía que acudiera a proteger a la gente”, asegura Moustafa; y después de que los días anterioresla Plaza Tahrirse hubiese convertido en una especie de feria, circundada por puestos ambulantes, teterías improvisadas con amplias terrazas y el ajetreo entre los paseantes que se acercaban a echar la tarde. “Si quieres saber de la revolución, no puedes preguntar a cualquiera, porque muchos vienen aquí a pasar el rato”, reprochan quienes todavía permanecen durmiendo en los campamentos y siguen esperando la dimisión del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSCA) que se hizo con el mando cuando Hosni Mubarak se vio obligado a dejar el poder el 11 de febrero.
Los jóvenes que se mantienen en la plaza se tensan, cuando ven a su alrededor un ambiente que no comparten y pierden la voz intentando cantar proclamas que pocos sigue. El miércoles por la mañana, la mayoría de los puestos habían desaparecido después de que se hubieran propuesto retomar el control de la plaza, alertados por los incidentes de la noche anterior. Todos los puestos de souvenires de la revolución, marscarillas antigás – que proliferaron cuando las fuerzas de seguridad cogieron por costumbre lanzar gases lacrimógenos para reprimir las protestas – y camisetas fuera de la plaza. Han vuelto a formarse corrillos de debate y de cánticos revolucionarios.
Las organizaciones de derechos humanos llevaban meses alertando sobre el aumento de la inseguridad en las calles y los jóvenes de la revolución denunciando la dejación de las fuerzas de seguridad que, sin embargo ,responden con contundencia cuando se trata de protestas. La semana previa a las elecciones se ha cobrado otros 41 muertos en esta segunda ola de la revolución que no solo ha tenido su epicentro en Tahrir, sino que se extendió por decenas de ciudades egipcias. El primero en morir durante estas últimas protestas fue el joven Baha Senusi que cayó por un disparo de la policía en una en las manifestaciones de Alejandría.
Escrutinio electoral militar
Pese a que esta última semana miles de egipcios han vuelto a salir a la calle, las elecciones se han organizado bajo el poder supremo de un Gobierno Militar. El mariscal y máximo dirigente del CSCA, Mohamed Hussein Tantaui rechazó la propuesta dela Plazade formar un Gobierno de Salvación, liderado por el Premio Nobel dela Paz, Mohamed al Baradei y el islamista, Abdel Moneim Abu Futuh. “Queremos que el poder pase inmediatamente a un Gobierno civil”, reclama el Dr. Mohmaoud Kamal, responsable de Nasr City del Movimiento 6 de Abril, desde uno de los campamentos.
El Consejo nombró días antes de las elecciones un nuevo primer ministro Kamal El-Ganzouri, que tampoco tiene la confianza de la plaza porque fue viceprimer ministro con Mubarak. Mientras Tahrir insiste en sus reivindicaciones, el CSCA ha anunciado que nombrará un Consejo Asesor, formado por 30 representantes que medien y asistan al Gobierno militar hasta la celebración de elecciones presidenciales en junio.
El escrutinio de las votaciones parlamentarias ha comenzado pero el largo proceso electoral se extenderá hasta marzo de 2012 puesto que se celebra en tres etapas a falta de la segunda ronda el 22 de enero, y continuará en marzo con las elecciones ala CámaraAlta.
Marcado el calendario electoral, los revolucionarios de Tahrir no alcanzan su reivindicación principal, que caiga todo el sistema militar, pero al menos intentan no perder el control del espíritu que quiere deshacerse del uniforme. Ese que durante décadas les ha privado de libertad y ha amparado una corrupción que ha sumido en la pobreza al pueblo egipcio.

