He estado algo descolocada estas semanas y pese a que fui de las que admiró la “tristeza ilustrada” que ha servido como inspiración a los atormentados, y sin embargo sublimes, literatos de la historia, hay estados desde los que, he aprendido, es mejor no escribir. Pueden dar forma a una realidad distorsionada, mal vista por las, no siempre, halagüeñas circunstancias. Será que estoy madurando. Y la madurez nos lleva a esto. A estar descolocados. Es lo que tiene madurar en tiempos de crisis y en un mundo que no madura.
Tampoco me aporta nada la queja. Es un buen comienzo para el cambio, pero de nada sirve estancarse en la lamentación y últimamente las historias que se me ocurrían para escribir en el blog se quedaban en eso. La actualidad no ayuda y, me temo, que hoy no será menos. Pero los siguientes pasos después de estas líneas serán hacia el cambio y, todavía, no será el de dejar la profesión. Aunque la idea ha rondado por primera vez en mi mente, como les ha pasado a tres compañeros que en los últimos meses han metido una patada al periodismo. Ganas no faltan pero yo, todavía, no puedo. Aunque ayer encontrara una oferta en la que me pagaban dos dólares, dos, por artículo.
He de dar las gracias al emporio que hemos construido por llevar la información directamente al cubo de la basura y a sus profesionales a recoger las migajas, a no ser que esa información sea, como dicta la Nueva Teoría de la Comunicación: capciosa e intencionada y se pague con monedas de oro, como los Informes de Moody´s que revierten en el sistema económico internacional y puede hacer temblar las bases de un país, o mejor, hacer temblar a sus ciudadanos, estos días, a los portugueses. Esa es la verdadera rentabilidad de la información, la que te pone el poder en las manos. Lo demás da igual que lo haga el Copy/Paste del Word si conseguimos rellenar websites con informes vinculantes accesibles por Google Traductor.
Y eso que pensábamos que habíamos aprendido después de que se derrumbara el chiringuito. Pero seguimos sin querer arquitectos, porque están cualificados y son demasiado caros, así que reconstruimos desde la misma mentalidad huraña que nos ha llevado a vivir en chozas que se derrumban con un estornudo pero que llegaron a cotizar en bolsa. Y una se pregunta dónde está la pieza fallida de la cadena, si la base nos saca los colores y escuchas discursos más sólidos y elaborados en las asambleas del 15M que en el Congreso de los Diputados; y los vecinos de Lavapiés se enorgullecen de vivir en un barrio global, de inmigrantes, mientras los estados de la Unión Europea imponen controles a la llegada masiva de refugiados de países del Magreb y corrompen esa idea de unión llamada Espacio Schengen.
Lo de ayer fue una señal. Perdimos en un mismo día parte de nuestro pasado y nuestro presente. Un pasado que no teníamos protegido, pese a que el Códice Calixtino tiene un valor incalculable, pero ahí andaba como posado e ignorado en la Catedral de Santiago. La otra pérdida ni siquiera fue un castigo por llevar el periodismo amarillo a la inmoralidad porque Murdoch decidió cerrar “News of The World” para no chafar la OPA sobre BSkyB… ¿Y si volvemos a empezar?