Para quienes no sean de mi generación, les aclararé que los “Los mundos de Yupi” era un programa infantil, estilo Barrio Sésamo, que se emitió a finales de los ochenta en Televisión Española. Su argumento basado en unos extraterrestres de espíritu “Flower Power”, que se quedaron accidentalmente en la tierra, hizo que la expresión ”vivir en los mundos de Yupi” se popularizara como sinónimo de “no tener los pies en la tierra”. Idealismo, que lo llaman en su versión protocolaria.
Pese a que siento todavía el dolor de las bofetadas que me recuerdan que vivo en la tierra, mi entorno considera que suelo pasear más por los mundos de Yupi que por el barrio de Tetuán de Madrid, pero asumo el riesgo de seguir siéndolo si eso supone expresar cómo creo que podrían mejorar las cosas. Algo parecido a la utopía, llegar no llegaremos, pero estaremos cerca si tendemos a ello y no nos conformamos con quedarnos en este camino de tierra:
Esta es mi reforma laboral del mercado de trabajo de los mundos de Yupi:
Érase una vez una empresa, que además de aportar importantes beneficios a sus socios capitalistas, tenía derechos y obligaciones como cualquier ciudadano. Esta es la historia de cuando se vive en sociedad y cuando las personas además de cepillarse los dientes, cortarse las uñas de los pies y hacer top less en los áticos, se cuidan de cómo hacerlo porque tienen que responder a unos códigos civiles para vivir en comunidad. Algo que es tan sencillo de entender para el individuo ciudadano, es sin embargo más complicado de entender para la empresa-ciudadana, aunque su papel de actor social tenga las mismas consecuencias para todos.
Hablar de conciliación laboral no es un antojo de los trabajadores, porque trabajadores son también aquéllos que dirigen y los vecinos de aquéllos que dirigen y lo serán los hijos y los nietos de aquéllos que dirigen. Hablar de conciliación laboral es hablar en términos sociales. “Los niños de la llave”, la TV “niñera”, que han creado nuestros antieuropeos horarios nos afectan a todos, y más allá de ser un conjunto de situaciones particulares se convierten en ejes que vertebrarán y serán parte condicionante de cómo seamos.
Un trabajador no sólo tiene que responder a su jefe en términos particulares, sino que tiene que responder a la sociedad en términos sociales. Es decir, el que se encargue de colocar las piezas en el montaje de un avión, la tendrá que colocar con suma diligencia si no quiere ver el “boeing” estrellado en el suelo del aeropuerto, que tendrá que ser fregado por el servicio de limpieza con el cuidado de escurrir bien la fregona, si no quiere que los pasajeros que lleguen tarde a facturación, se peguen de morros mientras corren hacia el mostrador, porque el autobús de la EMT, que ha de estar conducido por un profesional que evite tomarse dos copas de whisky antes de trabajar, le ha indicado mal la parada. Con esto quiero decir, que somos una cadena que participamos en esa estructura llamada de bienes y servicios, como productores y consumidores ante los que tenemos derechos y obligaciones. Igual que los tienen las empresas, que más allá de ser máquinas expendedoras de dinero para sus propietarios son centros sociales, como lo son las plazas de los pueblos. Donde se realizan acciones humanas y mundanas.
No necesito que mi empresa sea un parque de atracciones donde ir a pasar el día, pero sí necesito que a parte de obtener beneficios, sepa que soy un ciudadano con derecho a ganar un sueldo digno y a no echar más horas de las que pone en mi contrato. Porque el que se monta el chiringuito con media plantilla de becarios y la otra media de “ochocienturistas” (el término “mileurista” hace tiempo que pasó a ser un privilegio) no hizo bien su proyecto empresarial. Y si no sabes apuntar en la cuenta de costes, las nóminas que corresponden, no hace falta que juegues a ser empresario de monopoli, porque no te necesitamos en esta estructura social.
Si tienen tan claro cuando una empresa no es rentable y ahora la reforma laboral les va a permitir despedir alegando motivos económicos, tengamos cuidado de abrir una empresa económicamente sostenible, contemplando los costes de mano de obra en términos reales y no en términos de explotación.
En los mundos de Yupi, también nos podríamos haber ahorrado incluir en la reforma la posibilidad de despedir por absentismo, si los trabajadores asumieran las obligaciones de que trabajar no es un intercambio de desafíos… Quizá en los mundos de Yupi, la reforma laboral del mercado de trabajo, vendría a quitar el término “español” de su epígrafe, que pudiera ser una de las cualidades que más daño le hacen. Porque si algo defiendo en los mundos de Yupi es un mercado de trabajo maduro, donde la flexibilización sea una herramienta para dinamizar las contrataciones y no un abuso para los empresarios/oportunistas; donde faltar a trabajar sea un derecho por falta justificada y no “escaqueo”, donde la patronal y los trabajadores maduren y se dejen de mirar como enemigos y asuman que participan de un actor social con los mismos derechos y obligaciones que tienen como particulares, en este mi mundo, los mundos de Yupi.
Reforma laboral del mercado de trabajo
Gracias, Laura, por tu llamada a la sensatez y el sentido común.
La gente se olvida de que el trabajo condiciona su vida (relaciones sociales, familia, satisfacción personal…) Y ésta sólo empeorará si no asume que es suya, básicamente suya -y no de los demás, del Estado, los sindicatos…- la tarea de hacer que su trabajo/vida sea digno.
Nos olvidamos, a menudo, de por ejemplo:
1) Que nadie trabaja -ni siquiera los directivos de la empresa- por amor al arte.
2) Que un profesional es, a diferencia de un esclavo, un trabajador que elige libremente poner su conocimiento y tiempo al servicio de una empresa.
3) Que un buen profesional no es el que más horas pasa en la silla de la oficina, ni el más chistoso, ni el más servicial, ni el más “majo”.
4) Que nuestra dignidad como profesionales, como personas, es una causa personal. No esperemos que otros la defiendan.
5) La unión hace la fuerza.
Un saludo.
Es que es una puta locura lo que sucede en España. Para mí no eres idealista, eres realista. Si los partidos de ‘izquierdas’ tuviesen pelotas, harían algo al respecto, pero se dedican a lamer las pelotas de sus empresarios y enchufar a sus amigos en cargos públicos donde se gana una pasta por no hacer nada mientras que el resto del ¿país? se rompe los cuernos para ganar una miseria. Conclusión: o te unes a ellos o montamos una revolución en toda regla. Más de uno debería pasar por la guillotina. Otras buena idea sería crear una trituradora gigante donde introducir a todos los escombros evolutivos de este país y así lograr el pleno empleo. De este modo, se podría también abastecer a todo el sector cárnico de doner kebap y Macdonald con carne de auténtico cerdo porcino español. Ya se sabe, el desarrollo sostenible es un deber en estos tiempos que corren…
Qué maravilla…para cuándo un libro?
Besos