Prefiero los debates ideológicos a los de partido. Me cansa explicar que la defensa de una idea no tiene que estar relacionada con unas siglas políticas. Me agota la simplificación del debate político, la falta de objetividad, el corporativismo. No ser capaces de ver que no hay términos absolutos, ni estados maniqueos. Ni todo lo que hacen unos es malo, ni todo lo que hacen los contrarios es bueno. Ni siquiera que estar de acuerdo con alguno de ellos signifique apoyarles o criticar un corportamiento signifique estar en contra. Pero sobre todo me causa un tremendo sopor que sólo existan PP y PSOE y que no haya mayor espectro ideológico que el que ellos, aparentemente, representan. Porque, insisto, no es lo mismo el debate ideológico que de partido y, sin embargo, éste último se ha convertido en el esquema básico de la mayoría de mesas de ¿debate? mediáticas.
El moderador suele presentar el espectáculo como si los focos del estudio alumbraran un ranking de boxeo. “A mí derecha, el color azul“. “A mi izquierda, el color rojo“. Suelta la primera pregunta a modo de campana que da comienzo al combate, y los contertulios saltan, landran o sacan los dientes (si son educados) para imponer opiniones. Da igual que éstas contradigan la lógica. La actitud crítica, el mero razomiento y el sentido común se ausentan y sólo son posibles argumentos que confirmen una hipótesis previamente establecida e inamovible.
Dejo caer este pensamiento, después de que este fin de semana haya podido disfrutar durante horas de un debate ideológico, al margen de los partidos, y pese a que uno de ellos miltaba en uno de los bandos. Claro que ya intuye el militante que su promoción en política puede verse limitada por su falta de coorporativismo. Sin embargo, para mí, ésa es su grandeza.
¿Y bien, Laura? ¿De qué debate se trata? ¿Quieres decir con argumentos en vez de vulgaridades? Seguimos padeciendo el secular problema de escuela de España. Qué melancolía saber que no conoceremos otra situación por los siglos de los siglos y que la cosa va a peor. Ojala yo sólo sea una pesimista sin remedio y esté equivocada.
De cualquier debate Elvira. Cada vez es más complicado hablar sin que el otro te etiquete y recurra a los acusaciones comunes que normalmente reproducen una y otro vez los portavoces de los portados. Por eso se agradece charlar con personas que son capaces de pensar lo que escuchan y no lo desechan por sistema. No se puede debatir si no hay una intención previa de replantearse lo que piensas.
Un abrazo