Será porque me he criado en un piso de la calle Libertad, paralela a la avenida de la ONU, que me sigue asustando, aunque ocurra todos los años, leer que la Fundación Francisco Franco ha convocado una misa, este sábado 22, para honrar “el eterno descanso de las almas” del Caudillo y Juan Antonio Primo de Rivera, en el Valle de los Caídos.
Mira que he pasado tiempo en casa de mis abuelos. En un primero de la calle Infanta Mercedes esquina General Yagüe. Pero ni el espíritu regio ni el militar han calado en mí. Y pese a que era el camino directo a mi ocio en los parques de Bravo Murillo o Castellana, prefiero seguir diciendo que la “casa de mis abuelos” está cerca de San Enrique.
Mis dos ubicaciones se fueron haciendo incomprensibles con mi desarrollo intelectual. Se enfrentó la militancia falangista de Juan Yagüe, fiel seguidor de Franco y promotor de algunos de los bombardeos que dejaron miles de muertos en Madrid, con mi infancia en torno al Café Libertad (otro diferente al local madrileño de los cantautores). Nombres incompatibles.
Pensé que la Ley de la Memoria Histórica vendría a proporcionarme el orgullo al nombrar la ubicación de ”la casa de mis abuelos”. Que no es lo mismo decirle al taxista “voy a la calle Libertad”, que decir que “pare por favor en la esquina del General Yägue”, aunque tanto he repetido éste último que casi lo tengo vacío de contenido.
Lo que va a cambiar esta ley, aprobada en diciembre del año pasado, va a ser el desarrollo de la misa del sábado. Ya lo advierte la Fundación Francisco Franco y pide a los que asistan que, atendiendo al artículo 16, se abstengan de hacer visible las razones de la reunión: “consagra el Valle de los Caídos como un lugar de culto, no siendo posible en ningún lugar del recinto llevar a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo”. No vaya a ser que ocurra lo del pasado domingo. Cuando miembros de la Falange Española de las Jons se quedaron en las puertas de la Basílica del Valle de los Caídos por hacer alarde con insignias de unos motivos que son ilegales. Tal fue la indignación de los asistentes que se toparon con un muro policial, que Juan Hernández Rodríguez, delegado Provincial de F.E de las J.O.N.S – Avila, remitió una queja al medio Ávila digital en la que asegura que están estudiando el tema jurídicamente a fin “de denunciar una situación irregular, con tintes de criminalidad y prevaricación”. “Los falangistas siempre hemos apostado por la reconciliación nacional. Por desgracia, tanto Gobierno como oposición, parecen beneficiarse, setenta años después, del enfrentamiento entre españoles. Sólo ellos son responsables de lo que pueda ocurrir de aquí en adelante” (*1), termina la carta.
Lo que estoy pensando ahora es que quizá los nombres me han influido demasiado y a lo mejor mi desconcierto por este tipo de convocatorias tiene que ver también con mi apellido. Además, después de leer el manual del lenguaje no sexista, lo veo más claro. Palomo/a. Y la Paz también es incompatible con las amenazas. (*1)