A veces las historias se quedan como desnudas,
y buscas dónde el cuidado del tejer de las telas
dónde el ojal ceñiría la parte izquierda de la chaqueta.
Allí donde el corazón desciende por la manga
no está oculto entre una seda transparente.
Y acusas,
dónde el estampado de la saca,
dónde la saca misma perdió su holgura.
Y encuentras que enhebraste débil
los verbos, que olvidaste las conjunciones
y zurciste con descuido las costuras…
Las agujas ya no ensartan, enfilan,
no resbalan, arden
deshaciendo los botones
que se descuelgan.
Sin remiendos
que rediman
ni retales que rehechos por “abuela”
anidaban los pies, aún sin pasos,
en aquellos calcetines con puntera.
A veces te quedas como desnuda,
cae como un disfraz la vestimenta
perdido el hilo de la historia.
“Desde la creación del Ejército de Liberación Sirio (ELS) que protege a los manifestantes, muere más gente en casa que en las protestas”, revela desde Homs Abu Thaer, quien tras catorce años en el Ejército del régimen, decidió abandonar cuando recibió la primera orden de disparar contra los manifestantes. Como él, entre 30.000 y 40.000 integrantes han desertado durante estos meses de represión y, aunque carecen de datos oficiales, estiman que más mil han sido reprobados con la muerte. (


